Todos
los días tiene una cita con él. Ella le rodea con sus brazos.
Permanecen muy ensimismados, como si fueran la única pareja que
estuviera en el parque. Pasado un buen rato, ella se despide con un
beso. Él, se queda donde siempre. Me acerco a él y digo con rabia ¡Qué
envidia me das, cuanto, cuánto te quiere. Solo tiene ojos para ti.
Todo esto se convirtió en una pesadilla que tendré que superar, esté
despierto o durmiendo. Antes de marcharme, le arranqué un trozo de su áspera corteza, la que
ella, minutos antes, acarició suavemente
Pasados los meses de verano tuve ocasión de cruzarme con la mujer que no he podido olvidar a pesar del tiempo transcurrido. Llevaba por compañía un perro de un tamaño más bien pequeño. Me hizo gracia como seguía los pasos de su dueña. En su caso yo haría lo mismo sin dejar de mirarla un segundo.
Hasta
se me pasó por la cabeza que, si yo fuera animal, no me importaría
que ella me ordenara cualquier cosa. Voy a perder los nervios como no
me replantee mi comportamiento con una mujer con la que no he
mantenido nunca ni una palabra. De momento, me conformaré con
verla todos los días cuando pasea. Quizás me atreva a
hacerme el encontradizo para, al menos, darle los buenos días. Si me
responde, lógicamente, oiré su voz. Aunque ello no sea gran cosa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario